🌿 Cuando el alma duele y el mono grita: 5 pasos para acallar la mente en tiempos de tormenta

a mente en tiempos de tormenta

Dicen los budistas que la mente es como un mono borracho, trepado a un árbol, herido y acuchillándose a sí mismo con cada pensamiento. Cuando atravesamos una traición, una injusticia o una pérdida que nos paraliza el alma, ese mono se embriaga de dolor, miedo y culpa, y salta de rama en rama dentro de nosotros, gritando, atacando, exigiendo respuestas.

Yo he estado ahí.
Hoy, mientras el mundo parece desmoronarse a mis pies, me permito escribir esto para ti, para mí, para quien necesite silenciar ese mono y recuperar el aliento.

1.⁠ ⁠Respira como si tu vida dependiera de ello

Porque depende.
Cuando todo arde, lo primero que se corta es la respiración. Sin darnos cuenta, vivimos en apnea emocional. Inhala. Exhala. Y repite. Que el aire entre como bálsamo, y que cada exhalación sea una rendición sagrada. Cierra los ojos y hazlo por ti, no por nadie más.

2.⁠ ⁠Ponle nombre al dolor

¿Es traición? ¿Es miedo al abandono? ¿Es la voz de la niña que fuiste, creyendo que debe soportarlo todo?
Nombrar el dolor es empezar a liberar su prisión. El mono deja de golpearse cuando lo miras con compasión y le dices: "Te veo. Sé que estás herido. Pero no estás solo."

3.⁠ ⁠Haz pausa. Silencio. Retiro.

No se trata de escapar, sino de recogerse.
Apaga el teléfono. Apaga el juicio. Apaga el mundo por un instante.
Busca un rincón, una planta, una vela, tu pecho. Y permanece ahí. Porque a veces, sanar no es hacer, sino dejar de hacer. No más buscar culpables, no más revivir la escena, no más exigencias. Solo presencia.

4.⁠ ⁠Escribe para vaciar la copa

Toma papel y permite que tu alma hable.
No edites. No te censures. Vomita las palabras, las emociones, la rabia, la tristeza. A veces, lo que necesita el alma es vaciarse para volver a escuchar su verdad. Escribir es una forma de amarnos sin maquillaje.

5.⁠ ⁠Recuerda quién eres, incluso cuando el mundo lo olvide

Tú no eres la traición. No eres el miedo.
Eres la que ha caído y ha vuelto a levantarse mil veces.
Eres la que aún sangra, pero sigue perfumando vidas.
Eres más que esta circunstancia. Y en tu centro, debajo del ruido, está tu voz sagrada, esa que dice:
"Suelta lo que te duele, no porque lo merezca, sino porque tú mereces paz."

Hoy, me abrazo con ternura.
Hoy, aunque el mono grite, elijo no seguir su danza.
Hoy, me regaló un abrazo y me sostengo.
— Elizabeth Llauger

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